La grupeta y los retos:
Desde hace ya algunos años, hemos adoptado la tradición de marcarnos un reto anual: ya sea una marcha cicloturista o la ascensión a algún puerto emblemático del ciclismo.
Es nuestra forma de mantener la motivación durante la temporada, de seguir entrenando con ilusión y no dejarnos llevar por la rutina. Aprovechando que estamos en plena época del Tour de Francia, quiero compartir con vosotros algunas de las experiencias más especiales que hemos vivido subiendo colosos como el Tourmalet en los Pirineos o el Galibier en los Alpes.
Retos que van más allá del deporte, porque también son momentos compartidos con amigos, llenos de esfuerzo, alegría y satisfacción.
Col du Tourmalet: El camino del mal retorno 🏔️
Ascender el Tourmalet desde Luz-Saint-Sauveur es vivir una experiencia inolvidable. Este puerto mítico destaca más por su longitud que por su dureza puntual en cuanto a pendiente. Su subida constante permite ir contemplando sin prisas los impresionantes paisajes pirenaicos. Un punto estratégico y clave durante la ruta es la estación de esquí situada a medio camino, ideal para realizar una parada rápida, reponer energías y contemplar el entorno.
Además, en nuestra aventura coincidimos con la llegada del Tour Femenino a la cima lo que lo hizo mas emocionante al subir entre pintadas y pancartas, una vez llegamos arriba y tras hacernos las clásicas fotos con la estatua de Octave (Como curiosidad, solo está instalada en los meses de verano.) aprovechando la cercanía decidimos alargar la ruta hasta Lourdes y sin duda, mereció la pena.
Una jornada inolvidable y llena de emoción ciclista!
Luz Ardiden: Bajo la tormenta 🌧️
La subida a Luz Ardiden desde Luz-Saint-Sauveur, puerto famoso por las hazañas del gran Perico Delgado, para mi fue uno de esos días que permanecen grabados en la memoria por su dureza.
Además de sumarle el cansancio del día anterior, el clima se convirtió en nuestro principal rival con frío intenso y una lluvia constante que apenas nos dejó visibilidad. Más que disfrutar del paisaje, aquel día nos tocó luchar contra los elementos. Cada pedalada representó un desafío de resistencia física y mental, otorgándonos sensaciones realmente únicas.
A pesar del sufrimiento, la satisfacción al alcanzar la cima fue inigualable.
Mont Ventoux: La luna del ciclismo 🌕
El Mont Ventoux es uno de los puertos más emblemáticos y temidos del Tour de Francia. Su dureza es palpable desde el primer kilómetro, con rampas constantes al 10%, que transcurren entre frondosos bosques que poco a poco van dando paso a su conocido paisaje lunar.
La transformación del entorno mientras subes te lleva mentalmente a revivir aquellas etapas clásicas del Tour. El Mont Ventoux ofrece la posibilidad de ascender por varias vertientes, en nuestro caso subimos desde Bedoin completándola de manera circular (En el cruce con la subida desde Sault hay bares donde repostar).
En cuanto a la climatología, tuvimos la fortuna de disfrutar de un tiempo excelente, algo inusual en un puerto famoso por su viento inclemente y feroz.
Telegraphe + Galibier: El corazón manda ❤️
Ascender consecutivamente el Col du Telegraphe y el Col du Galibier saliendo desde Saint-Michel-de-Maurienne supone enfrentarse a 35 km de ascenso constante, todo un reto para cualquier ciclista.
La subida al Telegraphe la podríamos catalogar como el calentamiento para el resto de la jornada y justo en su cima hicimos la primera parada para avituallarnos, recomendable teniendo en cuenta lo que está por venir. Durante esta increíble travesía atravesamos pueblos alpinos llenos de encanto que hacían llevadera la experiencia y nos permitían disfrutar de unas vistas brutales, mientras que en los últimos kilómetros la lucha se traslada desde las piernas directamente al corazón y la voluntad (Dejando el disfrute para la bajada), suerte que en el camino hacia el Galibier hay pequeños bares donde reponer los depósitos.
Este desafío se convierte en una experiencia ciclista excepcional y profundamente emotiva, de las que dejan huella y las patas como chopos!
Alpe d’Huez: Las 21 curvas míticas 🔄
El Alpe d’Huez, conocido mundialmente por sus 21 curvas numeradas y nombradas por los mas grandes ciclistas, fue quizá el puerto donde más difícil resultó mantener la motivación.
A pesar de su fama, el recorrido no destaca especialmente por su belleza visual ni tiene una cima claramente definida. Sin embargo, superar este coloso sigue siendo un logro significativo que aporta una satisfacción única y difícil de explicar. Cada curva superada era una pequeña victoria personal.
Para esta ruta salimos desde Le Bourg-d’Oisans, un pequeño y bonito pueblo alpino, alargando la ruta hacia la Col de la Serenne y vuelta rodeando el Lago de Chambon.

Conclusión: Cada puerto ascendido en el contexto del Tour de Francia es una aventura en sí misma, con historias y emociones propias que quedan marcadas para siempre. Son momentos únicos que contribuyen a nuestro crecimiento deportivo y personal.
¿Has ascendido alguno de estos puertos o tienes previsto hacerlo pronto? Me encantaría conocer tus experiencias, ¡compártelas conmigo!
Yo te contaré próximamente los retos que tenemos entre manos. 🌟🚴♂️💬
🧢 Equipamiento recomendado para tus puertos míticos
En puertos largos, con bajadas intensas después del esfuerzo y con clima cambiante, yo uso lo siguiente:
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