Antes de ser padre: libertad, ritmo y bici sin reloj
En esa etapa previa a ser padre, podía permitirme entrenar 5 o 6 días a la semana: salidas en bici entre semana o en fin de semana, con paradas para almorzar o incluso cervezas al final. No había prisa. Todo encajaba porque tenía libertad de horarios. El gimnasio también formaba parte de la rutina, y me permitía mantener una buena base física sin renunciar al disfrute.
Los primeros meses: rodillo, (mucho) sueño y supervivencia
El nacimiento de mi hija coincidió con el invierno, lo que, dentro del caos, me facilitó un poco las cosas: cambié las salidas en carretera por sesiones de rodillo en casa. Eran más cortas, pero mucho más prácticas. Con 45 minutos ya era suficiente para sentir que me movía. Eso sí, si lograba hacer una sesión por semana, ya me sentía afortunado. Las prioridades habían cambiado por completo.
Reconstruyendo la rutina: pequeños logros, grandes victorias
Pasados esos primeros meses, fuimos encontrando cierto equilibrio. Empecé a encajar dos sesiones de rodillo y, cuando el clima lo permitió, volví a la carretera. Actualmente consigo entrenar 4 días a la semana: dos salidas en bici (siempre muy temprano, entre las 6:30 y las 7:00) y dos sesiones de gimnasio al final del día. No hay paradas, ni cervezas, pero hay sensaciones, hay piernas… y sobre todo, hay constancia.
El reto tras la baja: volver a reorganizar todo
Justo acabo de terminar el permiso de paternidad, así que toca de nuevo adaptarse. Volver al trabajo implica cuadrar tiempos, priorizar entrenos útiles y, sobre todo, ser más eficiente. El objetivo: seguir activo, seguir disfrutando, y demostrarme que se puede ser padre y ciclista a la vez.
Sí, se puede: el ciclismo no se acaba, se transforma
Ser padre no significa renunciar al deporte. Significa adaptarlo. Encontrar nuevos ritmos, otros horarios, y redefinir qué es para ti entrenar bien. Puede que ahora no haya paradas ni almuerzos, pero hay más valor en cada kilómetro que nunca. Si estás en esta etapa, ánimo: no estás solo.
El deporte como refugio mental en medio del caos
Más allá de lo físico, el deporte tuvo un impacto muy positivo a nivel anímico. En esos primeros meses de paternidad, en los que tu vida anterior parece venirse abajo y te cuesta encontrar tu lugar, poder subirme al rodillo, aunque solo fueran 30 o 40 minutos, me daba un pequeño respiro mental. Era mi momento. Un rato para reconectar conmigo mismo, para recordar quién era más allá de los pañales, las noches sin dormir y la incertidumbre. Y aunque el cuerpo estuviera cansado, la cabeza lo agradecía muchísimo.

🔦 Producto recomendado: visibilidad máxima en tus salidas tempranas
Si como yo sales muy temprano, invertir en buenas luces es clave. Estas son las que uso y recomiendo:
Aquí te dejo el enlace a mi recomendación de productos:
Este artículo contiene enlaces de afiliado. Si compras a través de ellos, recibo una pequeña comisión sin coste adicional para ti. En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.
