El deporte como vía de escape (y de equilibrio mental)
La paternidad lo cambia todo.
Por mucho que te lo cuenten, hasta que no lo vives no entiendes realmente el impacto que tiene en tu día a día, en tu cabeza y en tu forma de relacionarte con el tiempo.
Es normal sentirse abrumado.
Es normal sentir estrés, cansancio e incluso cierta pérdida de identidad en los primeros meses. Cada persona necesita su propio proceso para recolocarse y entender su nuevo rol.
En mi caso, la bicicleta ha sido una vía de escape fundamental.
No como una huida, sino como un espacio propio donde liberar tensión, ordenar ideas y volver a casa con la cabeza más clara. Salir a rodar me ha ayudado a estar mejor, y estar mejor me ha permitido ser mejor padre, mejor pareja y mejor persona.
Entrenar con sentido cuando el tiempo es limitado
Con menos tiempo disponible, llegó una decisión importante: entrenar con sentido.
Este año he comenzado a trabajar con un entrenador personal, y ha sido un punto de inflexión.
No se trata de entrenar más horas, sino de aprovechar mejor las que tienes, recuerda que ahora eres padre y ciclista a partes iguales. Ajustar intensidades, entender los descansos y saber cuándo apretar y cuándo no ha marcado la diferencia.
El resultado ha sido claro: he notado mejoría incluso en las salidas con la grupeta.
Y eso deja algo muy claro: la calidad acaba imponiéndose a la cantidad, especialmente cuando el tiempo escasea.
Menos horas, más constancia (y más kilómetros al final del año)
Mi rutina de entrenamientos ha cambiado mucho.
La mayoría de salidas entre semana son de 60 a 90 minutos, pero mucho más frecuentes que antes. He aprendido a encajar la bici en el día a día en lugar de esperar a tener “el día perfecto” para salir.
El dato curioso es que, entrenando así, he terminado el año con un 20 % más de kilómetros que el año anterior.
Los fines de semana intento reservar alguna salida más larga, de 3 a 4 horas, siempre que la familia lo permita. No como obligación, sino como disfrute, como punto de encuentro con los amigos y como recordatorio de por qué me gusta tanto este deporte.
La familia siempre es lo primero (y la culpa no ayuda)
Si algo he tenido claro desde el primer momento es que la familia está por encima de todo.
La evolución de Roma está siendo increíble y cada vez es más reconfortante pasar tiempo con ella, verla crecer y compartir pequeños momentos que antes ni imaginaba.
Los primeros meses no son fáciles.
Surgen sentimientos contradictorios, dudas, cansancio y, en ocasiones, culpa. Y es importante decirlo: no te castigues por lo que sientas. El tiempo va curando todo, y poco a poco encuentras tu sitio.
Estar ahí no significa estar siempre igual.
Significa estar presente, en la posición que tengas, pero siempre a su lado.
Objetivos compartidos: los colosos asturianos
A nivel ciclista, este año también ha tenido retos especiales.
Hemos completado el desafío de los colosos asturianos: Cobertoria, Gamoniteiro, Lagos y Angliru.
No como una hazaña épica ni como una demostración de nada, sino como un objetivo personal, una motivación y una experiencia compartida con amigos y familia, la mejor demostración de lo que implica ser padre y ciclista. Momentos que se disfrutan mucho más cuando el tiempo es limitado y sabes lo que cuesta llegar hasta allí.
Y ahora la pregunta es inevitable:
¿qué nos deparará el 2026?
Cerrar el año con perspectiva
Este no ha sido el año con más horas de entrenamiento ni con más retos épicos.
Pero sí ha sido un año con más sentido, más equilibrio y más aprendizaje.
Si estás viviendo algo parecido, o sientes que el tiempo no te da para todo, este proyecto existe precisamente para eso: compartir lo real, no lo perfecto.
Porque se puede seguir disfrutando siendo padre y ciclista.
Solo hay que aprender a hacerlo de otra manera.

¿Es posible entrenar ciclismo siendo padre?
Sí, es posible entrenar ciclismo siendo padre, pero requiere adaptar horarios, aceptar que el tiempo es limitado y priorizar la calidad del entrenamiento. No se trata de entrenar más horas, sino de entrenar con sentido y constancia, siempre teniendo a la familia como prioridad.
¿Cuántas horas se puede entrenar ciclismo con poco tiempo disponible?
Con sesiones de entre 60 y 90 minutos bien estructuradas se puede mantener un buen nivel físico e incluso mejorar. La clave está en la frecuencia, la planificación y en aprovechar al máximo el tiempo disponible sin obsesionarse con el volumen total.
¿Entrenar menos horas significa rendir peor en bici?
No necesariamente. Entrenar menos horas no implica rendir peor si el entrenamiento está bien planificado. En muchos casos, la mejora llega al priorizar la calidad frente a la cantidad, especialmente cuando el tiempo es limitado por la paternidad u otras responsabilidades.
¿Cómo compaginar ciclismo y familia sin sentirse culpable?
La culpa es habitual en los primeros meses de la paternidad, pero es importante entender que cuidarse también forma parte del equilibrio familiar. Compaginar ciclismo y familia pasa por aceptar el contexto, ser flexible y entender que estar presente no significa renunciar a todo, sino saber cuándo y cómo hacerlo.
¿Vale la pena fijarse objetivos ciclistas siendo padre?
Sí, fijarse objetivos ciclistas puede ser una gran fuente de motivación, siempre que sean realistas y compatibles con la vida familiar. Retos personales como marchas, puertos o desafíos concretos ayudan a mantener la ilusión sin perder de vista que la familia es lo primero.
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